12/03/2022 LA MASA CRÍTICA

La masa crítica nunca llega a formar en realidad una masa, sólo son individuos dispersos en el conglomerado, y son tan poquísimos, raros y escasos que nunca llegan a encontrarse entre sí, y si se encuentran no logran entenderse, porque están totalmente confundidos y enmarañados en sus propios conflictos internos, buscando cada uno sus propios remedios o soluciones que les acomoden, y son demasiado envidiosos y conflictivos y faltos de entendimiento como para organizar un reino de soberanos. Siempre son individuos aislados, demasiado aislados y dispersos para hacer comunidad, siendo aplastados por la masa de sonámbulos que corean y repiten como idiotas sus programas. Tampoco es que estén realmente despiertos, ni siquiera llegan a  tener la inteligencia grupal para coordinarse, para colocar el primer cimiento de la Soberanía colectiva, del colectivo, del grupo o del equipo; a lo más llegan a percibir las conspiraciones básicas y a regodearse en su victimismo y en su falso sentido de dignificación por la lucha. Así cada conspiranoico está entretenido en su pequeña ficción, su pequeña rebelión interior de la Granja. En el Internet, a través de artículos y memes pueden parecer “muchos” y hasta ayudar a crear la ilusión de que la “masa” está “despertando”, pero es fácil ver que cada uno está atrapado en su pequeño núcleo-arnés del que no puede escapar, y en realidad ni lo intentan, pues no pueden ni se atreven a vivir fuera del Sistema, del “rebaño”, no tienen los cojones para tanto, también ellos necesitan esa zona de comodidad que es vivir bajo el control del Sistema, una coraza a la que no pueden renunciar, porque se sienten protegidos dentro de la cárcel. Hay reos que tiemblan ante la sola posibilidad de que les abran las puertas de su prisión, porque se sienten indefensos y víctimas y sólo seguros tras la reja. Así son estos. En realidad se sienten tan identificados con su “rebeldía” y se identifican tanto con su rol de ovejas negras que fuera del rebaño pierden su identidad y ya no saben quiénes son, y el meollo de todo es que no saben quiénes son, por lo cual no son ni serán nunca Soberanos, porque se sienten más seguros estando presos y no podrían vivir sin su miedo, la principal coraza que, paradójicamente, los protege. Su disidencia es sólo figurada, como el papel de un mal actor. Así es como viven y mueren, alimentándose de esa ficción de ser mejores o diferentes al rebaño, soñando con un imposible “despertar masivo” mientras se conforman con revolverse en esa pequeña rebelión interior de la Granja que consume su propia energía hasta sentirse tan impotentes y exhaustos como para, finalmente, doblar las manitas y entrar en el coro.