“Tengo hambre”. Todo mundo dice esto o lo piensa montones de veces al día.
“Tengo hambre”, se escucha a los niños regordetes o lombricientos. “Tengo hambre”, y lo dicen con orgullo, ¡cómo si fuera un mérito! … ¿Qué se te antoja, mijito? … Y a cumplirle de inmediato el antojo o capricho del paladar, ah porque el webón no se levanta de la cama o del sofá, ni se despega de la tele o el Ipod o la Tablet ni por un segundo, tienen que servirlo sus padres sirvientes, y al llevarle el antojo a la cama el niño siente esto como el refuerzo continuo de una caricia, así va fortaleciendo su CAPARAZÓN.
«Tengo hambre»: le pasa a todo mundo: todo el tiempo tienen siempre hambre, a cada rato necesitan comer porque ya les volvió el “hambre”. No paran de comer: comer no es una “comida” o una “acción”, es un proceso interminable, un proceso con pequeñas pausas que sólo se interrumpe porque los tumba el sueño y no puedes tragar mientras duermes.
No, tú no tienes hambre. El hambre es la expresión de una necesidad del cuerpo, es una señal del sistema nervioso para advertirte que ya necesita ingerir alimento, o sea nadie necesita “comida” sino “alimento”, que no son lo mismo. El alimento es para nutrir al cuerpo, la comida es para satisfacer a tu mente, para secretar dopamina y sentir placer, porque la dopamina es la hormona del placer, a la cual la mente es adicta, pues es la hormona que usamos para combatir la ansiedad.
Por eso la comida es una sustancia recreativa y palatable, o sea, hecha para satisfacer al paladar y a la mente.
Por tanto, tú no tienes hambre, porque tu cuerpo no necesita “comida”, ni mucho menos necesita comer a cada rato.
¿Por qué el cuerpo necesitaría comer a cada rato? … Es estúpido. El hambre es natural, el Apetito es antinatural.
Tú cuerpo lo que necesita es una sola ingesta de alimento al día, una sola manducata (comida) por día, y una manducata nutritiva y moderada.
Entonces tú no tienes hambre, es claro. Lo que tú tienes es Apetencia o apetito, el cual viene de tu mente y no de tu cuerpo
El apetito es miedo, es ansiedad.
Es verdad que como comes de pésimo, tragando cadáveres e intoxicando tu organismo con comidas palatables o deleitosas para el paladar pero destructivas para tu cuerpo, la desnutrición va en aumento y se te juntan el apetito con el hambre.
Pero tú no disciernes, no distingues el hambre (la voz del cuerpo) del apetito (la voz de la mente)
La gente come por apetito, no por hambre, es lo que hace todo mundo y por eso se la pasan tragando todo el día,
Comer por apetito es un caparazón, o sea es un refugio afectivo que les brinda una sensación de protección y falsa seguridad.
La comida les regresa al pezón y néctar de la madre, al momento aquél de bebés en que podían sentirse cuidados y cálidamente protegidos.
Cuanto más miedo sienten, cuanta más ansiedad, más necesitan de este caparazón que es la comida, porque no comen por una verdadera necesidad fisiológica, sino por miedo y ansiedad.
Cuando desapareces por completo el miedo y la ansiedad desaparece el apetito y surge esa sensación del hambre, que se manifiesta también en forma de apetencia, pero no como esa apetencia insaciable de la ansiedad.
Lo que el organismo necesita de manera imprescindible para preservar la salud física y mental, es el ayuno bio-rítmico, manducar (comer) algo natural una sola vez al día en horario bio-rítmico, dentro del inicio de la fase magnética, cerca del crepúsculo (como a las 6-7 de la tarde o cuando se va metiendo el sol)
En ese bio-ritmo puedes darle algo natural y de valor nutritivo al cuerpo, frutas y verduras y no cadáveres; todo lo natural que le des es un manjar que te sabrá infinitamente deleitoso, pues está dinámica de comer por hambre lo que hace es que potencia increíblemente el paladar, todo lo natural te sabe gustoso, y no necesitas saborizantes, endulzantes o potenciadores del sabor artificiales, se llama el “sensu nectario”. Entonces realmente disfrutas comer, otra dimensión del paladar que quizá nunca conozcas.
Bueno, ya me voy porque ya me dio… Hambre
Sumaya: La función de la mandíbula aparece en el noveno mes del niño, eso quiere decir que el niño no tendría que comer nada sólido antes de los nueve meses. Y a partir de ahí deberíamos dejarle que experimente con la comida sin prisas, como un juego, con alimentos vivos.
Todo aquello que se reprimió ya tengo que expresarlo de forma consciente, yo ya no puedo dejar que el caparazón se adelante ante situaciones adversas. Todas estas situaciones aparecen siempre cuando menos te lo esperas, y sobre todo ante situaciones difíciles, si te ves fumando, te ves comiendo, te ves tragando, obviamente estás tapando, porque aparece una especie de ansiedad o de depresión, y como no quiero sentir ni la ansiedad ni la depresión, porque la verdad es que estoy cabreada con mi madre o con quien me cuidó, porque no me dio lo que me tendría que haber dado y eso lo negué, cuando tú niegas algo tú lo proyectas hacia otro lado. Eso es un desvío de la mirada….me da miedo ver qué hay detrás de esa aparente “necesidad” de meterme algo en la boca.











