DISCERNIENDO ENTRE LOS CONTRASTANTE PARALELOS: “NORMALIDAD” Y “ESTANDARIZACIÓN”
–Y EL ORIGEN DE LA “SOCIEDAD” Y DE LA PALABRA “SALUDO”–
La NORMALIDAD no es una conducta o directriz que nace espontáneamente desde el impulso interno de apegarse al orden natural, por el contrario, es una reglamentación conductual impuesta desde un férreo sistema de autoridad. Es por ello que la “normalidad” no se sigue espontáneamente por un impulso natural o innato, nada de eso, sino que se “obedece” por y desde una fuerte compulsión artificial de tipo inercial programada desde que nacemos.
Dicho más explícitamente: usted no es o actúa “normal”, usted OBEDECE órdenes conductuales de tipo ritual.
NORMALIDAD y ESTANDARIZACIÓN significa que se nos percibe y nos percibimos como PRODUCTOS COMERCIALES, cuyo PRECIO en sociedad aumenta o disminuye en tanto nos ajustemos o adaptemos o no a las características que nos asemejan a un MODELO, tipo o norma comercial común, características “apreciadas” y “específicas” con las que ese producto COMERCIAL que “somos” puede circular “LIBREMENTE” y “venderse” en el MERCADO de la sociedad, la cual es y funciona, desde los antiguos “gens” o linajes de patricios romanos o tribus familiares regidas por el modelo del pater-familias, como una gran RED CLIENTELAR-PATRONAL, en la cual todos son clientes (servidores) y patrones (protectores) unos de otros.
(En el antiguo modelo romano los PATRONES eran los Patricios o aristócratas, y los clientes o “servidores” eran los plebeyos. Los “Patronos” actuaban como los DEFENSORES JURÍDICOS de los plebeyos que tenían como “clientes”, a cambio de los servicios de éstos, dado que los plebeyos o gente del pueblo común eran o estaban en estado de Capitis Diminutio, que era la falta de “status”. En la antigua Roma era tres los tipos de status: status libre, status ciudadano y «estatus familiae», que era no estar bajo la potestad de nadie. La falta de uno de los 3 status te hacía un Capitis Diminutio.
Además los Capitis Diminutio (cabe agregar) no conocían las leyes, y en caso de que surgiera un pleito legal y fueran llevados a juicio no podían defenderse por sí solos, no podían actuar por “sui iuris” por su propio derecho, respondiendo por sus actos. Es por eso que los Capitis Diminutio tenían todos a un “patrón” o abogado, el cual ellos mismos elegían y que era un Patricio o ciudadano Romano aristócrata que por su estado de “sui iuris” y su condición de pater-familias podía sacar a su cliente del apuro en caso de una defensoría legal, y esta «protección la ofrecía a cambio de todo tipo de servicios que le prestaba su cliente. Un Patricio era poderoso o influyente precisamente por el número de clientes (servidores) que poseía, su “negocio” era la política y la abogacía, mientras que el plebeyo sólo podía dedicarse a las labores del campo, industriosas o artesanales, siendo un lego o jurídicamente incapacitado o disminuido.
Uno de los “deberes” del “cliente” era pasar cada mañana a presentarse con su patrón, para ponerse a sus órdenes y ver qué se le ofrecía, mientras éste, tumbado en una poltrona y abanicado por un esclavo, pellizcaba un racimo de uvas.
Si, ya lo has adivinado, de esta casta proviene en su origen la clase parasitaria de la “nobleza”, la clase privilegiada, los “escudos familiares, y la clase política.
Y éste es el origen de la “Abogacía jurídica”, y de los “santos patronos”, y el de los llamados “patrones”, una derivación de Pater o Padre, de donde viene Patricio, Patria, etc.
Había una fórmula tradicional para hacer esta presentación mañanera con el patrono, y era la SALUTATIO MATUTINA, que consistía en que el cliente se presentaba por la mañanas con su patrón preguntando por su salud, y de ahí viene la famosa y misteriosa palabra “Saludo”, que consiste en que un servidor o esclavo ha de preguntar por la salud de su amo o patrón, porque esta era la fórmula correcta de dirigirse a él.
Éste es el origen del “saludo”, palabra que luego, ya saben se generalizó al lenguaje coloquial, aunque actualmente y desde entonces se extiende o limita exclusivamente a los que están en nuestra red clientelar-patronal.)
Y aquí aplica el discernimiento entre los conceptos SALUDO, Amabilidad e Interpelación
El “saludo” consiste propiamente en preguntar por la salud de aquél a quien nos dirigimos o ante quien nos encontramos. Éste es un concepto muy técnico y específico, porque si usted al encontrarse con alguien no pregunta por su salud: “¿Cómo estás?” no se trata de un “saludo” propiamente, sino de una “Interpelación”, por ejemplo si usted dice simplemente: “¿Qué has hecho?”, suena, de hecho, como un interrogatorio judicial.
La interpelación como remplazo del saludo es la señal de que no consideramos al otro como nuestro “amigo”, en realidad como nuestro cliente o patrono, porque no nos simpatiza lo suficiente para hacerlo o considerarlo nuestro cliente o nuestro patrono, a quienes, desde las gens romanas, se aplica exclusivamente el saludo (el “patrono”, como deferencia o condescendencia, también solía inquirir por la salud de su “cliente”)
Así que actualmente la “NORMALIDAD” es un STATUS social que sustituye todos los status romanos antiguos, de los cuales dicho actual status procede, por lo cual si no eres percibido como “normal” eres un Capitis Diminutio.
Ustedes, como habitantes de esta Matrix y por su condición de esclavos de la Matrix, o sea por su condición de Capitis Diminutio o ignorantes totales de la Matrix Legal, son “clientes” (servidores) de Satanás, bajo cuya potestad estáis, por ser Satanás vuestro patrono, abogado o “protector”, que los “protege” como “víctimas” que ustedes son o se sienten, o sea por su incapacidad de tomar su poder soberano.
Bueno, entendemos ahora que aquél que, por sus características poco comunes o poco ajustadas al TIPO o Modelo común de “persona” (producto comercial), carece de una red de clientes o de “patronos” es, por tanto, excluido de la sociedad como un total “Capitis Diminutio”: incapacitado mental (o sub-normal) o capacidad mental y jurídica disminuida, con la consiguiente pérdida o saboteamiento de sus derechos sociales, o el derecho de “ser alguien” en sociedad, lo que implícitamente conlleva incluso la pérdida de los derechos humanos y de la condición y dignidad de “persona”. .
La NORMALIDAD es el modelo que se nos impone desde fuera y al cual “debemos” asemejarnos para tener ese valor y alto precio para ser “apreciados”, precio consensuado en el mercado de la sociedad, mientras que la ESTANDARIZACIÓN es el ajuste o adaptación que nosotros hacemos en nosotros para representar esas características “apreciadas” que nos permiten circular en sociedad y “triunfar” o sobrevivir dentro de ella.
La normalidad se nos impone como una reglamentación desde fuera y somos “libres” de seguirla o no, asumiendo las ventajas o desventajas que ello acarrea. La ESTANDARIZACIÓN, en cambio, es la adaptación de cada uno a la Norma, al Tipo o Modelo común. ¿Comprendes la diferencia?
La reglamentación llamada “normalidad” no es explicita, no necesita serlo. Porque no se enseña de forma explícita a las personas a seguir una directriz, sino que esta reglamentación o directriz opera mediante programación mental, fuertemente inducida desde la primera infancia para impulsar a las personas a fusionarse con una Matriz Cognitiva y perceptiva, una especie de conciencia Egregor o mente colectiva enjambre tipo zombi-insectoide
El programa de la “normalidad” para el control social de masas funciona así como un sistema de estímulos sociales en forma de “castigos” (desventajas) para quienes no se apegan al “TIPO”, a la reglamentación o normalidad, y “recompensas” (ventajas) para los que se apegan sin fallos a esta programación conductual-perceptual.
La ventaja de obedecer la NORMATIVIDAD es facilitar y garantizar la interoperabilidad de los Actores o personas que buscan un lugar en sociedad y tienen como objetivo “competir” por el “éxito en la vida” y la posibilidad de “ser alguien”, lo cual depende de la obediencia o desobediencia a la programación predictiva.
A algunos –muy pocos–, que tiene aún un ápice de conciencia, les cuesta ajustarse a la norma, porque experimentan cierta conflictuación cognitiva entre lo que sienten que es correcto intrínsecamente y lo que ordena la programación, la regla, la norma o el estándar impuesto por el Sistema de Autoridad, mientras que los estrictamente “normales” no sienten el mínimo conflicto en obedecer la programación, por el contrario se sienten orgullosos de ajustarse a la norma y actúan como defensores de ella, ya que su único propósito es el “éxito”, la viabilidad o la supervivencia exitosa.
Ésta es una “meta” por la cual todos compiten, y en función de la cual todos ejercen una hipervigilancia de unos sobre otros, para asegurarse de que todos y cada uno se apeguen a la estandarización, o sea a las características específicas del “tipo”, a la programación y reglamento, y cumplan así su propósito de obediencia a los rituales reglamentados de conducta predictiva.
Por eso, en cuanto usted sale un poco de este BOZAL de programación ritual inspira en los demás miedo y desconfianza, y desde luego, rechazo instintivo e inmediato, y no porque usted esté “enfermo o trastornado de la mente” sino simplemente porque usted “no es predictivo”, razón por la cual usted será no sólo excluido de la sociedad sino perseguido y saboteado.
Resumiendo:
La normalidad no es reflejo de salud mental, sino simplemente los estándares de la estupidez colectiva y consensuada como la regla o norma del ritual de la conducta predictiva o “típica”.
Dado que la estupidez es medio-ambiental se confunde con un estado natural, dentro del cual las personas pueden funcionar sin fallos en sus rituales de programación predictiva conductivista o estupidización programada, mientras que los que tienen esos fallos son percibidos como locos o deficientes mentales. Y es perfectamente al revés, la normalidad es la jaula mental de los locos.
Leonardo Desiderata: Fuente-Portavoz de EMRA









